Al filo de Yáñez

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Recordaba José Luis Meza Inda, ilustre crítico de artes plásticas y memorioso de la vieja Guadalajara los vasos comunicantes de Luis Sandoval Godoy con Agustín Yáñez, hace cosa de muchos años: “Me gusta poder compartir con placer y melancolía al Yáñez escritor incipiente de la abuela Tomasita, de la madre amorosa, de la dulce tía

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RESEÑA

Recordaba José Luis Meza Inda, ilustre crítico de artes plásticas y memorioso de la vieja Guadalajara los vasos comunicantes de Luis Sandoval Godoy con Agustín Yáñez, hace cosa de muchos años:
“Me gusta poder compartir con placer y melancolía al Yáñez escritor incipiente de la abuela Tomasita, de la madre amorosa, de la dulce tía Nico; al de las hermanas Rosa y Ángeles, al Yáñez de la calle de Francisco Zarco, al Yáñez mimado de la convalecencia, al vestido de monacillo y tirando misereres y kiries en Belén; al contrito penitente de Semana Santa o asistente contrito a los oficios a Jesús María, San Agustín o Santa María de Gracia. Siempre me gustó y me sigue agradando leer al Yáñez que se hace la pinta junto con sus condiscípulos, al vago y pícaro que deambula con la palomilla por el jardín del Santuario, el botánico, la alameda o el de San José con sus tabachines incendiados; al que se aventura hasta el jardín de Borrayo, a las Barranquitas, a Zapopan, a Atemajac, al Batán, a La Escoba, a Coyula, a Tonalá o hasta la barranca de Arcediano. Al romero entusiasmado que es llevado en jornada de tres días en burro, por caminos áridos, pedregosos y jalosos a Mascuala, Cuquío, Moyahua, Nochistlán, Yahualica o Mexticacán a venerar a la Virgen o al Cristo del Encino en Ocotes; al descriptor espontáneo de valles, sierras, hondonadas, ríos, corrales, ganados, ranchos y pueblos, peones, arrieros, huertas, iglesias, atrios silenciosos de la geografía jalisciense por él entonces descubierta.
“Disfruto al Yáñez de los pregones, del Ave María Purísima, del miserere mei Domine y las jaculatorias, de los refranes, de los pregones, del campo y tablas de jugadores, de los danzantes y maritateros, del riquirrán y de las rondas infantiles; y sobre todo, me llega ese Yáñez que evoca aquella Guadalajara recoleta con su barriada del Santuario y sus casonas de zaguán, pasillo, cancel, corredor, patio y corral; la Guadalajara característica con sus colonias, su Mezquitán y sus cantinas, Analco y su Palacio de Medrano, sus iglesias de San Francisco, Aranzazú y Mexica1tzingo con sus agonizantes pitidos de trenes de vapor, música de fonógrafos y gritos de calandrieros; la Guadalajara de mujeres de rebozo terciado, señores de zapato rechinón, de amplios y limpios cielos, de noches con estrellas molidas, de armonías infinitas, de alboradas rotas por el kikirikí, de eternas y silenciosas tardes domingueras; la ciudad de tertulias vespertinas, de equipales en las banquetas, de huertas claroscuras, de locos sueltos y bohemios, de truenos de mayo, de tiempos de aguas, nublados húmedos y atormentados, de misa de diez, rosarios convocados por campanas y esquilas con sus dobles y repiques esparcidos por los cuatro vientos y en los que cada cual tenía su propia identidad.
Ésa es Guadalajara, ésos son los lugares, ésos los ambientes y ésas las gentes, que no sé si por aquello que dije arriba o por otra razón, al ser descritos y vitalizados por Agustín Yáñez en sus primeros libros, plenos de sinceridad e ingenua sencillez literaria, hacen que convoque recuerdos dulces y sabrosas añoranzas, que son semejantes a las que me suelen también producir, a veces, las prosas de Luis Sandoval Godoy, uno de los pocos escritores jaliscienses que ha tenido el ingenio y la figura de poder y saber evocar en muchos de sus ya incontables libros y textos, a las primarias andanzas descriptivas y narrativas de don Agustín.
“Por voluntad propia, por afinidad espiritual, por afecto y admiración, siguiendo sus naturales y cultivados impulsos literarios esenciales hacia ese Yáñez original, es como Sandoval ha logrado recrear mucho de la obra de aquél, y aunque existen, es verdad, distancias y desniveles esenciales entre ellos, este cercano escritor ha tendido puentes de estructuras rectas o sinuosas, rampas circulares o espirales cuyo único fin ha sido acercarse en cuanto puede al ritmo interior, al espíritu, a la melodía y el colorido del maestro.
“¿Quién mejor, pues, que Sandoval Godoy, podría aquí y ahora, que se celebra este fasto centenario del natalicio del escritor insigne, evocar su imagen y celebrar su talento, con el ánimo de constituir reflejo y reflexión de sus obras sacramentales de eminentes y profundos aromas tapatíos, con las cuales, fervorosamente comulgamos? ¿Quién mejor sería capaz de indagar y relatar la infancia y adolescencia, los juveniles arrestos y la asombrosa madurez creativa tan insospecha­damente alcanzada, y a mi parecer nunca más superada, por el creador de Al filo del agua? Pues claro que don Luis, su oficiante oficioso y pródigo seguidor de sus huellas; él a quien el propio Y áñez distinguiera con muestras de aprecio singulares, y en cuya prosa, seguramente don Agustín se miró de soslayo más de alguna vez en un espejo lejano, pero limpio y asonante”.
¿Quién lo diría mejor que Meza Inda?

DETALLES
  • Tipo de pasta : NA
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  • ISBN-10: NA
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